No estan escritas en piedra.
Las palabras vienen y se van.
Los juramentos estan hechos de palabras
las promesas también.
No podés creer en promesas porque es como si no existieran.
Todo aquello que dan orígen a palabras es efímero,
no existe.
Todas aquellas situaciones, momentos y personas que dan orígen a juramentos
tampoco existen.
Porque sus palabras son livianas como plumas
son como rocas que se hunden en el mar.
No hay mayor uso para las palabras mas que hacer daño.
Imperios enteros han sido derrotados por palabras venenosas,
personas han muerto por simples conversaciones.
¿Cómo podés ser tan ciega?
¿Cómo podés ser tan tonta?
¿Cómo podés creer que tu pasado y tu futuro se basa en palabras que ya no existen?
No, nunca fueron grabadas.
No, nunca quedó prueba de que fueron dichas.
Estan solo en tu cabeza.
Esa tu cabeza te hace pensar cosas. Cosas de más.
Esa tu imaginación te hace construir vidas y mundos en los hemisferios de tu cerebro.
Ese cerebro tan sugestionable que tenés.
Las historias de amor, así como los unicornios: no existen.
Alguien en su afán de mejorar al mundo se los inventó
pero vos, Sofía: no fuiste el personaje de esas historias.
Y no tenés la pluma que se necesita para seguirlas escribiendo.
El autor de esos cuentos se murió hace tiempo, y creeme que no va a regresar.
Me vuelvo a negar en creer en palabras, soy una persona que le gusta la acción.
Esa acción del verbo "hacer".
Vos, Sofía, no sos la mujer maravilla, no podés hacer que el mundo gire a tus pies.
Tampoco podés hacer que un corazón que no es tuyo, sienta como vos sentís.
Por eso, Sofía, rehusate a vivir de palabras.
Te hacen daño.














