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Jugo de caja

Casi

20 febrero, 2011

Casi compramos aquella casa en la playa, y casi la decoramos como a vos te gustaba.
Casi te dije no había nada en esta vida que quisiera más que desvanecerme con vos.
Casi pudimos ser todo lo que soñamos.
Casi.
Casi, sino hubiera sido porque cuando te conocí ya estabas muerto y eras solo el recuerdo de alguien más flotando en una coordenada geográfica igual a la mía.

Publicado por Sofi en 16:35 2 comentarios  

Etiquetas: cuentitos, escena imaginaria, Hoy ya no soy yo

Lo que se necesita

¿Cuántas veces nos hemos equivocado?
¿Cuántas veces nos hemos caído?
¿Cuántas veces hemos estado en lugares oscuros, sin poder salir?
La habilidad del ser humano para reconstruirse a sí mismo, a partir de sus átomos regados en el suelo, es impresionante.
Sin embargo, esta habilidad parece olvidarse cada vez que caemos. Siempre creemos que "de esta no salimos", que "hoy si estamos bien jodidos" y no vemos un poquito más allá de la neblina que nos cubre.
A veces toma días, meses o años lograr salir de estas crisis. Lograr olvidar y/o perdonar se vuelve la más difícil de todas las tareas y pruebas que tiene que superar el ser humano.
¿Que si requiere maduréz tomar estas decisiones? Probablemente. Pero nunca se nos explica que no hay nadie lo suficientemente maduro como para no derrumbarse ante un corazón que explota.
Requiere, aunque no nos guste, regalarse una dosis extra de dolor, sentir cómo se queman las venas de pura rabia, dejar morir un poquito de nuestra decencia, volverse insomne un par de noches.
Para poder salir adelante y reunir las piezas de un rompecabezas que parece interminable y cuyas piezas a veces no tenemos a la mano, es necesario disfrutar el fracaso. Si, así como se lee.
Porque para poder tomar la determinación de levantarse, hay que estar harto de morder el polvo, hay que estar sediento de una vida diferente, hay que haber llorado hasta quedarse dormido en incontables ocasiones.
Eso es lo que se necesita. A veces ayuda ahogarse en alcohol un par de noches, jugar a llenar vacíos con los labios de otros, escuchar a Paez hasta memorizarse cada estrofa. Pero esto no es cura para algo que está tan adentro que ni el alcohol, ni los besos comprados ni la música tocan.
Es mejor hacerse amigo del tiempo, para que este nos haga el favor de correr un poco más rápido y que así las noches no sean tan largas. Eso si, el tiempo es un resentido difícil de conquistar, por lo que hay que tener paciencia (que en estos casos tampoco es fácil de encontrar).
Al final, después de batallar contra tus propios demonios, después de auto boicotearte el corazón, después de haberte mutilado mil veces la raíz del dolor que sale directo de tu corazón... al final se ve la luz.

Y cuando uno ve la luz y la sigue, no hay fuerza en este mundo que nos aleje del camino tomado :)

Publicado por Sofi en 16:30 1 comentarios  

Etiquetas: Conclusiones, Yo Digo...

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